Así es el museo-laboratorio secreto de Intel: una idea genial que permite seguir dando soporte a miles de viejos productos

Cuando Mohsen Fazlian intentó conseguir un viejo procesador de la familia Sandy Bridge se encontró con un problemón: trabaja para Intel, pero su empresa no tenía ninguno disponible. ¿Qué hizo? Comprarlo en eBay.

Su búsqueda no era trivial: Fazlian forma parte de un singular equipo que Intel ha creado para montar un museo-laboratorio secreto en Costa Rica. Uno que guarda ya 3.000 antiguos componentes y aplicaciones y que se ha convertido en la clave para poder seguir dando soporte a esos viejos productos y para reproducir fallos de seguridad que poder corregir.

Guardar productos del pasado es clave para dar buen servicio en el futuro

Intel, como otras muchas empresas, fabrica docenas de productos al año, pero hasta no hace mucho no tenía procesos formales para catalogar y almacenar productos tecnológicos que iban quedándose atrás.

Eso es mucho más importante de lo que parece, porque esos productos acaban en muchos casos siendo víctimas de fallos de seguridad que luego es necesario solucionar. Si no tienes el producto en tus manos, es muy difícil comprobar si la solución funciona, y en Intel se dieron cuenta de que lo mejor que podían hacer era crear una especie de museo-laboratorio.

El proyecto comenzó a mediados de 2018 y se puso definitivamente en funcionamiento en la segunda mitad de 2019. El resultado fue el Long-Term Retention Lab, un laboratorio secreto de 1.300 metros cuadrados que está localizado en una ubicación no desvelada en Costa Rica.

Ese "almacén" cuenta actualmente con unos 3.000 productos hardware y software, pero en Intel ya están preparando la ampliación de ese laboratorio para que tenga 2.500 metros cuadrados y puedan almacenarse 6.000 productos.

Gracias a este laboratorio cualquier ingeniero de Intel puede solicitar que le "monten" una máquina con una configuración específica y que a menudo incluye componentes software y hardware antiguos que sería difícil conseguir actualmente.

Esas máquinas son preparadas por técnicos y luego se ponen a disposición de los ingenieros de Intel gracias a conexiones remotas y privadas en una nube creada por Intel para este propósito. El laboratorio funciona de forma constante, y unos 25 ingenieros suelen estar presentes en esos turnos que permiten seguir dando soporte a viejos componentes.

Con él es posible contar con un punto centralizado en la que se pueden ejecutar test de seguridad desde cualquier parte del mundo. Los propios ingenieros de Intel que han acabado en otros proyectos o incluso han dejado la compañía han acabado contribuyendo a este singular museo cediendo documentación o incluso componentes.

Uno de los responsables del laboratorio, Marcel Cortes Beer, explicaba cómo el laboratorio recibe unas 1.000 peticiones al mes para montar equipos para pruebas de seguridad remotas, y se reciben unos 50 nuevos dispositivos cada semana.

Anders Fogh, un ingeniero que trabaja en Intel en Alemania, comentaba cómo "puedo crear una réplica exacta del sistema que tiene alguien que publica un informe [de seguridad]. La misma CPU, la misma versión del sistema operativo, el mismo microcódigo, o la misma BIOS. Todo ello incrementa la posibilidad de reproducir el problema, lo que a menudo es el mejor punto de partida [para solucionarlo]".

El museo-laboratorio de Intel se ha convertido de hecho en un elemento importante del propio desarrollo de productos: ahora todos ellos acaban teniendo muestras destinadas al laboratorio y documentación que se crea para permitir que los ingenieros puedan dar soporte a ese producto durante al menos una década.

Es por tanto poco probable que Mohsen Fazlian tenga que volver a acudir a eBay para buscar un viejo componente. Nada mal.

Vía | WSJ