El ‘homeschooling’ creció en pandemia

El ‘homeschooling’ se convirtió en una pedagogía emergente en tiempos de pandemia. Muchos padres, por miedo al contagio de covid-19 en las aulas durante las clases presenciales o por la situación económica, transformaron sus hogares en escuelas.

Se trata del ‘homeschooling’: un sistema de escolarización libre que se desarrolla en el hogar o en familia con una metodología y pedagogía escogidas por los padres, quienes son responsables directos de la educación. El estudiante no acude a la escuela.

Esta opción creció en el primer año de la pandemia, dice Fabiola Narváez, directora de Skholé Ecuador, un programa de la Fundación Voluntar que nació por la demanda de padres interesados. Ella tiene a sus hijos de 15, 13 y 9 años en este sistema.

Por eso sabe que antes de la pandemia eran menos de 50 familias las que estaban en educación en casa, con programas de México y España, homologados en Ecuador.

Desde el 23 de agosto de 2019, este sistema está reconocido por el Ministerio de Educación (ME) y es aplicable para educación básica y bachillerato.

Los padres o tutores deben preparar los recursos que se usarán en las clases en casa. También deben garantizar espacios de socialización. Por otro lado, la institución educativa acompaña en el proceso y valida el aprendizaje.

Narváez recibía una llamada telefónica al año, de gente interesada en esta modalidad, principalmente por niños con necesidades educativas especiales (autismo, dislexia), problemas de bullying o por el tema de valores.

A partir de marzo de 2020 eran cinco llamadas al día. Por esa demanda abrieron el programa Skholé. Angélica Valderrama es parte de las 250 familias de las cuatro regiones del país que optaron por esta modalidad el año lectivo anterior.

Durante nueve años, sus dos hijos estuvieron en la educación tradicional y ahora está convencida de que concluirán el bachillerato en casa. Pero hay otras familias que no se acoplaron y regresaron a la educación regular.

Este año quedan 150 familias en Skholé y algunas tienen hasta seis hijos. El Ministerio de Educación (ME) no tiene cifra de las familias en ‘homeschooling’. Para Narváez, la salida de algunos padres de este sistema ocurre porque no había vocación familiar.

“Muchos padres aplicaron porque estaban sin trabajo, les redujeron el sueldo, la modalidad híbrida no justifica los pagos de pensiones”. Pensaron que con la educación en casa no gastarían nada, pero necesitan invertir en la acreditación, asesoramiento, tutores y más.

Así lo creyó el cuencano Luis Quizhpe, quien retiró a su hija de décimo de básica de un plantel privado donde pagaba USD 200 mensuales por la educación alternativa. Pero este año su hija regresó a un ­plantel público.

El ‘homescooling’ es para todos, pero no todas las familias son para la educación en casa, porque esto exige permanecer en el hogar y tener disponibilidad de tiempo para acompañar y dirigir en el aprendizaje, explica Narváez.

La normativa de Ecuador establece como opción inscribirse en programas de otros países, quienes hacen el seguimiento y al final realizan la homologación de los estudios. La otra forma es matricularse en un plantel paraguas del Ecuador, aprobado por el ME para este sistema, para legalizar el pase de año.

En el caso de los planteles nacionales trabajan con dos modalidades: en la primera, los padres enseñan de acuerdo con el currículo proporcionado, mientras que en la segunda, los mismos representantes arman sus propias propuestas de formación, según las preferencias de sus hijos.

En ambos casos, la institución acompaña y da seguimiento a la familia para constatar el avance y validar el aprendizaje. Además, son los padres quienes evalúan a sus hijos: en el caso de los adolescentes con pruebas y con los niños arman portafolios en los que se incluyen los trabajos realizados.

En principio, a Angélica Valderrama le costaba no tener un profesor que le diga qué hacer. Pero asistió a cursos en línea y entendió el método de estudio. Ahora su madre la orienta y dice que si necesita apoyo extra en alguna materia, el programa les conecta con profesores guías.

José Miguel tiene 15 años, está en décimo de básica y se destaca en matemáticas; Paula Isabel está en noveno y tiene un avanzado desempeño en biología. La madre dice que esta modalidad les permite enfocar los objetivos de estudio en lo que más les gusta.

Un día normal para los chicos es estudiar en casa y también incluye salidas ocasionales en familia para no privarlos de la estimulación social. Por ejemplo, esta semana visitaron el Museo Presley Norton de Guayaquil, donde vieron esculturas e instrumentos musicales de culturas originarias.

Esa experiencia les quedará grabada más que leer libros o ver imágenes sobre este museo, dice esta madre. Si necesitan apoyo extra en alguna materia, el programa les conecta con tutores guías. También se deben garantizar espacios de socialización.

La quiteña Belén Hidalgo cree que para los padres que eligen esta opción es un reto, porque deben leer bastante, buscar proyectos, participar en talleres y adaptarse a los cambios. Su hijo de 9 años asiste a clases regulares, y el de 5 está en ‘homeschooling’.

Hasta ahora la experiencia ha sido positiva. El próximo año su hijo debería entrar a la primaria en una institución presencial, pero Hidalgo ha decidido mantenerlo bajo esta modalidad. Junto con otros padres se reunieron para que 10 niños reciban clases.

Consiguieron una casa y materiales para las clases y contrataron una profesora. “Nos volvimos una comunidad de ‘homeschoolers”, dice. Incluso, organizan paseos de grupo y fomentan su socialización.